22 de abril de 2019
Tute y un particular recuerdo de su padre, Caloi: “El duelo tiene el tamaño del amor que uno tenía por la persona que se fue”
16 de enero de 2019
TUTELANDIA | Max Aguirre por Tute
15 de diciembre de 2018
Entrevista a Tute en Infobae | Tute, hijo de Caloi y creativo multifacético: "Me sentí dibujante toda mi vida"
12 de diciembre de 2018
TUTELANDIA | Quino por Tute
28 de noviembre de 2018
TUTELANDIA | Guillermo Roux por Tute
13 de noviembre de 2012
Clemente ya se encuentra en El Paseo de la Historieta!
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| Batucada para recibir a Clemente! |
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| Quino y María Verónica Martinez, segundos después de descubrir a Clemente |
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| Quino estudiando la escultura, de fondo observa Pablo Irrgang, el escultor de Clemente, Larguirucho, Isidoro y Mafalda. |
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| María Verónica Martinez junto con sus hijos y Pablo Irrgang. |
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| Sendra se suma a la fiesta de Clemente! |
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| Sendra y Quino, dos grandes! |
Clemente, de la tribuna a San Telmo
Nota aparecida hoy en el diario Clarín:
La escultura del personaje de Caloi, que murió hace seis meses, será presentada hoy a las 15 en Balcarce al 400.
POR ROMINA SMITH
10 de junio de 2012
Entrevista a Tute en "Basta de Todo"
15 de junio de 2011
Mini documental: "Más conocido como Caloi"
24 de enero de 2010
El Mago Fafa por Tute II


22 de enero de 2010
El Mago Fafa por Tute I
La verdad que esta muy bueno y espero que ustedes lo disfruten como yo:

Continuará....
20 de septiembre de 2009
Caloi y Tute, dos artesanos del humor
Entre muchas anécdotas hay una que pinta al creador y a su personaje con toda su carga de gracia y melancolía. Solito y sin manos, sentado en un tablón, un Clemente negro apareció durante el Mundial de Fútbol de 1982 cantando por la TV: "¡Burumbumbum, burumbumbum, yo soy el hincha de Camerún!".
Entonces el mundo echaba una mirada curiosa a la selección africana que sudaba la camiseta en canchas españolas y otra más conmiserativa a la Argentina, que libraba la Guerra de las Malvinas. El padre de la criatura, Caloi (Carlos Loiseau), lleva 41 años aplicando el humor como herramienta expresiva ( www.caloi.com.ar ).
Caloi es el capitán de un barco integrado por seis tripulantes: su mujer, María Verónica Ramírez -pintora y realizadora del ciclo televisivo Caloi en su tinta -; sus hijos Juan Martín -reconocido como Tute, dibujante de LA NACION-, de 34 años; Tomás, de 31; Aldana, de 30, y los hijos de su mujer, Tobías, de 26, y Juana, de 24 años. Todos impregnados por los genes del dibujo, el humor, el cine y el arte.
Sobre Tute, el inolvidable Roberto Fontanarrosa -fallecido hace un mes- escribió: "Es un dibujante; digo más, un humorista de particular relieve. Además nos amenaza ahora con nuevas correrías: la pintura, la poesía, el cine ¿Hasta dónde piensa llegar este miserable?" ( www.tutelandia.com.ar ).
Tute aún no ha creado su propia familia en el humor gráfico, pero está en ello. "Me da un poco de temor quedar encanado a los personajes fijos. Pero no lo pienso mucho porque quiero ir detrás de lo que deseo hacer", dice al conversar con LA NACION, junto con su padre, sobre el dibujo y el humor.
Clemente, en cambio, es la marca registrada de Caloi, en Clarín : "Es un personaje absurdo, tan libre que, después de 40 años, todavía tengo ganas de dibujarlo". Con 35 libros publicados, Caloi se siente "como un cantor de tango al que le piden sus grandes éxitos, porque algunos lectores empiezan a reclamar dibujos de otras épocas".
Sus trabajos han llegado -entre otros países- a China, donde es ídolo de multitudes. "Hay chistes que tienen claves locales, pero los chinos deben interpretarlos como elementos surrealistas, que no necesitan explicación. También prevalece la universidad del lenguaje de humor gráfico, que es muy simple. Hay símbolos y códigos que se entienden en todas partes."
A Tute, cuyo primer libro salió el año último, lo leen en Japón. Y ya es famoso en México y Guatemala, entre otros países. "Tengo anécdotas de lectores que se han levantado minas con mis dibujos."
-¿De qué nos reímos los argentinos?Caloi: - Hay una mayor atención de la gente sobre la producción de humor gráfico cuando el humor no está en la calle, cuando falta la libertad de expresión o hay censura. Como el humor tendría que estar en la canasta de los artículos de primera necesidad, y no se encuentra en la calle, entonces adquiere relevancia el humor gráfico.
Tute: - No sé de qué se ríen los argentinos, pero no parece que todos se rían de lo mismo. Hay muchos tipos de humor y cada uno tiene su público. A mí me gusta el humor que me conmueve y me refleja.
-¿Los argentinos se ríen más que otros de las desgracias ajenas?
Caloi: - No lo sé. A mí me gustan mucho los chistes de gallegos. Les encuentro un costado no ofensivo y son una pintura muy simple, lo que no significa que uno los subestime.
Tute: - Hay dos tipos de humor. Está aquel en que uno se pone en el lugar y se ríe por identificación. O el humor del que se ríe del otro. Lo más difícil es reírse de uno mismo.
-¿El humor puede ser una forma de supervivencia?Caloi: - El humor es una forma de subsistencia fantástica. Uno no se mata de risa de todo. Pretende un tipo de humor con ingenio y creatividad. En mi caso, ni soy gracioso ni cómico. La gracia está en los dibujos.
Tute: - La banda Divididos decía que los sostenía el humor. Y de eso se trata: es una forma de sostener y hasta de sanar. Por otra parte, yo no me siento un dibujante ni tampoco un humorista en realidad ni siquiera sé qué me siento [se ríen padre e hijo].
-¿Qué han logrado incorporar el uno del otro?Tute: - Durante muchos años no advertía la influencia de mi viejo, justamente cuando ésta era muy fuerte. Un día me empecé a avivar e intenté modificarla. Al forzarlo, los dibujos eran horrorosos. No se parecían ni a él ni a mí. Después lo hice con naturalidad y me fui despegando de la influencia.
Caloi: - Cuando Tute terminó el secundario, me dijo que se iba a tomar un año sabático. ¿De qué -le pregunté- si no estudiaste un carajo en todo el colegio?
Tute: - En realidad yo quería laburar en un garaje de noche, donde no venía nadie, para poder dibujar.
Caloi: - ¡Si se tomaba un año sabático no volvía a agarrar un libro! Me convenció una amiga, que me dijo una vez: "Nunca vi un tipo tan vago y tan inteligente". Entre los dibujantes actuales es uno de los más inteligentes. Tiene planteos poco habituales. Con eso me identifico porque me recuerda mis primeros años.
-¿Qué límites se imponen?Caloi: -Depende de las épocas. En la dictadura militar era muy poco lo que se podía comunicar. El fútbol fue una buena hendija para filtrar comentarios. Pero, por ejemplo, durante el Mundial del 78 yo no hacía chistes sobre presos. Esa fue una coincidencia con Quino. Después tampoco adherí al triunfalismo de Malvinas.
Tute: - Aquélla fue una época en la que se desarrolló mejor la vida interna de los personajes Yo empecé a publicar en la democracia. Uno se adapta al medio. Hay una ética que no sabría describir, pero uno hace el humor que lo expresa naturalmente. A mí se me puede ocurrir un chiste zarpado, pero no lo haría en LA NACION.
-¿De qué se ríen con ganas?Tute: - De nada extraordinario. Me río con mis amigos, con el cine, los espectáculos. Me gustan muchas formas de humor. Puedo disfrutar tanto un chiste grosero con mis amigos como el humor de Borges.
Caloi: - Me gustan mucho los buenos cómicos. Disfrutaba mucho a los uruguayos de Telecataplum , a Olmedo y al Negro Fontanarrosa. Me divierte Les Luthiers. Pero lo que me hace llorar de la risa es el humor cordobés, que es tan exagerado.
-¿Los personajes tienen vida propia?Caloi: - ¡No tienen vida propia un carajo! A veces la gente me dice que se imagina encontrarse con Clemente a la vuelta de una esquina y yo pienso: «A mí no me pasa porque tengo que dibujarlo, mandarlo y después, ir a cobrarlo». Igual me da mucho placer hacerlo.
Tute: -Lo saludable es no pensar cuando estás dibujando porque eso puede limitarte. Después de generar la idea, recién pienso por qué lo dibujé.
Caloi y Tute, en Alcalá

Aquí les dejo un video de la muestra:
22 de mayo de 2009
El oficio de hacer reír con dibujos
tiras todos los días en la última página del suplemento Espectáculos de LA NACION nacieron en la década de 1970, se criaron en barrios del conurbano bonaerense y comparten la pasión por el tango, el fútbol, el dibujo y el humor en todas sus formas. Los dos estudiaron en la escuela de Carlos Garaycochea, aunque en distintas épocas, y reconocen las mismas influencias: Alejandro Dolina, Roberto Fontanarrosa, Quino y Caloi, el padre de Tute. Con sus primeros libros en mano, editados por Random House Mondadori, que recopilan el primer año de Jim, Jam y el otro , la historieta de Max, y las andanzas de Batu y sus amigos, creados por Tute, reflexionaron sobre su oficio, su amistad y sus entrañables personajes.Reunidos en la casa de Tute en San Telmo unas horas antes de su habitual partido de fútbol de los martes, los dibujantes terminaron de colorear la ilustración que se ve en estas páginas. Allí aparecen abrazados, con las tapas de sus libros estampadas en las remeras. A pedido de adn cultura, cada uno dibujó al otro. Los dos quedaron conformes con sus respectivas caricaturas.
Sobre el tablero de trabajo de Tute está el boceto de la tira de Batu que saldría publicada al día siguiente. El humorista, que dedicó el libro a su infancia, cuenta: "Las cosas que le pasan a Batu son las que me sucedían a mí de chico, cuando no existían Internet ni la Playstation. Su amigo Boris, en cambio, representa a los chicos de hoy, conectados a la Web y al celular". Su criatura, dice, surgió después de una larga búsqueda: "Desde muy chico quise armar mi familia de personajes para una tira. Pero recién hace un año que lo hago. Busqué al personaje por todos lados. En un momento fue un payaso de circo. Cuando surgió este niño de los años setenta, lo cargué de características de personajes que habían quedado por el camino y de vivencias propias".
-¿Cuáles son sus respectivas fuentes de inspiración?
T.: -En la tira me abstraigo de la realidad más dura, aunque creo que siempre se cuela algo. Trato de que la historia permanezca en un ámbito fantasioso. Pero hay lugares reconocibles: los escenarios donde se mueven Batu y sus amigos son las calles de San Telmo y Barracas, y las del sur de conurbano, donde me crié.
M. A.: -En mi caso, cada tanto paso a la crónica diaria pero no siento que eso me quede muy cómodo. Todo lo que sucede alrededor te influye, pero uno decide si lo refleja o no.
Jim, Jam y el otro son tres personajes que no están identificados. Ni los habituales seguidores de la tira saben quién es quién en ese trío de amigos. En el prólogo del libro de Max, Tute escribió sobre ese tema: "¿Quién es Jim? ¿Quién es Jam? ¿Y el otro? El lector podrá jugar a adivinar cuál es cuál".
-¿A quién representan?
M. A.: -Son un chiste interno con dos amigos de toda la vida. Son nuestros álter egos. Al principio, la historia tenía cierto anclaje autobiográfico, pero el tiempo hizo que mutara y dejara de ser un chiste de amigos. Empecé a hacer la tira hace varios años, pero recién en 2008 la presenté al diario. Como los personajes de tinta no cumplen años, me puedo permitir representarlos en tres instancias temporales fijas: niñez, juventud y vejez.
-¿Comparten los códigos de humor?
M. A.: -Creo que tenemos un sentido del humor parecido, pero no es mimético. Mi acercamiento a la sitcom norteamericana es el punto más alejado de Tute. Además, yo tengo un origen más cercano a la historieta y él, al humor gráfico.
T.: -Los dos somos cultores de un amplio abanico dentro del humor: podemos reírnos de las groserías más guarras y de los chistes más refinados. Como punto de contacto también podría mencionar la poesía, en especial el trabajo que hace Max en el sitio web Historietas reales. La suya, que se llama Los resortes simbólicos , está cargada de poesía. En ese punto hay un contacto con mi página dominical en la Revista de LA NACION.
Tute dibujado por Max Aguirre y Max dibujado por Tute,
ambos luciendo en sus remeras los personajes del otro.
-¿Se ponen límites u objetivos para hacer humor?
T.: -Cuando hacía el cuadro diario, en la última etapa me sentía muy libre. Pensaba una idea sin un camino prefijado, lo que me causara gracia iba a estar bien. La primera etapa, en cambio, había sido más esquemática. Tenía una carpeta con chistes clasificados por temas: astronautas, política, deportes. También, una que se llamaba Varios. Un día me di cuenta de que ésa estaba más llena que las otras. O sea que los chistes disparaban para otros lugares. Me dejé llevar por ese devenir y el resultado fue un humor más fresco.
T.: -Me parece que está bueno hacer humor con cualquier cosa. Pero a mí no me sale. Hay temas con los que no puedo ser gracioso. Me acuerdo de que cuando derribaron las Torres Gemelas, Rep sacó una tira que me pareció fantástica y me causó gracia, pero yo jamás podría haberla hecho. Me sentiría incómodo.
M. A.: -Creo que es válido hacer humor con cualquier cosa, el problema se produce cuando alguien se siente ofendido, cuando el chiste es forzado o se hace por puro efecto. Hay una moda de hacer humor políticamente incorrecto.
T.: -Pensando en el arte en general, no sólo en el humor gráfico, finalmente lo que cuenta es cuánto le cree uno al autor. Quino ha hecho humor con casi todo y ha sido profundo, agudo, seguramente alguna vez ha generado incomodidad. Uno lee sus tiras y ve al autor detrás. Es una obra con una ideología y una preocupación. Por ese mismo motivo hoy deja de hacer humor. Siente que se repite en las ideas, en los mecanismos. Cuando le creo al artista y lo veo detrás de su obra, no me importa sobre qué hace humor.
M. A.: -Yo dibujaba, hacía caricaturas. Primero estudié dibujo con una profesora del barrio y a los trece entré en la escuela de Garaycochea. En un momento intenté dedicarme a la historieta pero la falta de trabajo me llevó a la publicidad: fui director de arte durante varios años. Con el tiempo, la ilustración me volvió a acercar a la historieta.
T.: -Nací en una casa de artistas: mi padre es humorista gráfico y mi madre, artista plástica. Yo era el dibujante de la clase, el que hacía las caricaturas y a Clemente. Me salía tan bien que lo hacía pasar por un original de mi viejo. Muchos chicos me pedían Clementes y yo se los cambiaba por figuritas. En la adolescencia me enteré de que para ser humorista gráfico no basta con dibujar. Hay que hacer humor, que es una elaboración intelectual. Ahí me la vi más difícil. Estudié diseño gráfico un año y dejé. Entré en la escuela de Garaycochea cuando tenía 18. Poco después surgió un concurso en el diario La Prensa para elegir humorista y gané. Creo que siempre supe, siempre creí, que iba a trabajar de esto.
T.: -Siento que al principio me jugó muy a favor: estaba muy estimulado.
M.A.: -Lo más cercano al arte que tenía en mi familia eran músicos. Mi papá es guitarrista; mi mamá, cantante de tangos. No había dibujantes, así que no sabía cómo era el oficio.
T.: -Para mí era natural que aquello que se dibujaba en casa saliera publicado en el diario al día siguiente. La parte negativa fue tener que despegarme del estilo de mi padre. Hubo un largo proceso de despegue y de encuentro con mi estilo, mis inquietudes.
M.A.: -Es difícil despegarse de quien uno considera un maestro. El primer camino que uno hace es recrear al que admira para poder entenderlo. Yo copiaba viñetas de Hugo Pratt con fascinación.
T.: -Lo curioso es que yo no me veía parecido a mi viejo. Me acuerdo de un día en que mi mamá no pudo reconocer si un dibujo era mío o de Caloi. Ahí me di cuenta de lo mucho que me parecía.
















